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Donde el Riaza descansa en el Duero

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Localidad: La Cueva de Roa

Cuando ya el Riaza ha dejado de calmar la sed de las rapaces que pueblan la Serrezuela y abandona la Vega de   Montejo, se adentra en unas tierras que no por trocar las hoces por vegas feraces dejan de sorprender al viajero. Máxime cuando, al llegar a Milagros se encuentra con un mosaico romano y con las huellas de Vela Zanetti y su obra. Siguiendo el curso aparece la localidad de Fuentelcesped, cuyos danzantes honran a San Antonio, y Torregalindo, de iglesia románica y esbelto castillo medieval.

En La Sequera, la ermita de san Nicolás se rodea de excavaciones altomedievales, mientras que en Hontangas, la patrona de la Comunidad de Villa y Tierra de Haza, la Virgen de la Cueva, es venerada en una ermita rupestre con fachada y espadaña barrocas, dando paso al curioso pueblo de Adrada que tiene humilladero, "casa de los Moros" y dos Cristos, el de los Remedios en la ermita románica y el de Bujedo de Juarros, que procede el monasterio cisterciense de Haza, y a las localidades de Fuentemolinos y Fuentecén, de toponímicos elocuentes. La iglesia de Fuentemolinos exhibe un cuadro del Maestro de La Ventosilla mientras que la de Fuentecén, amén de un Salvador subido la torre con dudoso gusto allá por la década de los sesenta, presume de una Dolorosa de la escuela de Gregorio Fernández y de un Cristo Yacente y otro gótico, bendiciendo las abundantes casas blasonadas.

Castillo de Haza Debe este rio vivificador su nombre a la villa de Haza (Aza en la grafía medieval) enclave que entra en la historia de la mano de Gonzalo Fernández durante el siglo X, cuna de santa Juana y de Santo Domingo de Guzmán y que, tras hacerse grande durante los siglos XII y XII, pasó al señorío de los Avellaneda, condes de Miranda y duques de Peñaranda, señores que fueron también de la cercana villa de Hoyales, en la que Constanza de Avellaneda y Martín Vazques de Acuña se fortificaron para defenderse del poderoso Zúñiga. Junto a los restos del castillo posee Hoyales una soberbia neoclásica de retablos manieristas y barrocos y una pequeña talla de San Bartolomé, joya del barroco policromado, que es esencia de la imaginería castellana.

Colegiata de Santa María, Roa. Presione aquí para acceder a una imágen en alta resolución. Este enlace se abrirá en una ventana emergente Vierte sus aguas el Riaza en el Padre Duero junto a Roa, otra antigua villa medieval que mira aún a sus orígenes vacceos. Repoblada por Nuño Núñez durante el siglo X y engrandecida por García Gómez durante el XII, son Beltrán de la Cueva y Cisneros los artífices de su consolidación como cabeza de comarca. Del castillo de doña Violante no hay sino referencias literarios y quedan restos de sus murallas, aunque destaca su colegiata de Santa María y los restos del antiguo Hospital, hoy sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Un monumento a Juan Martín recuerda que El Empecinado fue ahorcado en esta villa y una bombarda del siglo XIV habla de un pasado bélico mientras el paseo del Espolón permite disfrutar de un paisaje de ensueño fértil entre sembrados que se cobijan bajo el manto protector de la Virgen de la Vega.    

Los buenos caldos del Duero son el complemento ideal para una gastronomía recia y de productos naturales que encuentra su mayor expresión en los asados de cordero lechal, tan esenciales en Nazareno, en el Lagar de Milagros o en la   vecina Aranda, sin menospreciar otras peculiariedades gastronómicas tales como el pollo "guindón" de Casa Javi en Hoyales o los derivados de la matanza en La Posada de Haza. Encontrará descanso el viajero precisamente en esa posada de Haza, así como en la multitud de alojamientos rurales que se ofertan en la zona.

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